martes, 14 de julio de 2009

"SE VALE SOÑAR"


-…Tal vez el frío de la mañana nos hable de algo más que del clima… - suspiró Lyz intentando seguir con su vida “normalmente”, lejos de aquellas cosas que ya nadie quiere ver aunque estén retratadas en nuestro rostro.
- Pero…- irrumpió con fuerza Josh – ¡debemos hacer algo!- exclamo poniéndose de pie. - Sch…Alguien podría oírte!- le sentó de un tirón Lyz, mientras las miradas atónitas se clavaban en su espalda…

Y a la mañana siguiente, la silla de Josh se encontraba vacía mientras un silencio sepulcral rondaba en la oficina…


Son innumerables las horas que pasamos hablando de la gran sociedad de la información, de la comunicación, que al final no es nada más que “la sociedad del espectáculo”. En esta: la moda, la marca, la apariencia, lo es todo; como si a través de los objetos y pensamientos ajenos se moldeara la personalidad del individuo, olvidando que la realidad va mas allá de la imagen que en la pantalla del televisor o del computador, nos muestra que posición debemos tomar hoy, y que actitud vestiremos ante un mundo que se fracciona y reescribe a conveniencia de unos pocos y que sumisos aceptamos mientras nos fundimos con esa masa de autómatas que se hacen llamar personas.

Los diferentes medios de comunicación juegan uno de los principales papeles en esta sociedad del espectáculo que se vale de las imágenes como su mejor aliado: los personajes que se convierten en nuestros héroes descaradamente publicitan una u otra marca, nos hacen creer que vivimos en un mundo donde Estados Unidos y sus ciudadanos salvarán siempre la situación, nos hacen cómplices del gran “sueño americano”, nos hacen llorar y reír con su música aunque por lo general no la comprendamos, y nos convencen de que no hay mas futuro factible sino seguir sus pasos, porque es nuestra sociedad, son nuestros orígenes los que vienen marcados con el fracaso al estar lejos de lo que ellos han planteado.

A esto podemos agregar que todo el diseño sobre el que se cimienta la sociedad Colombiana quiere olvidar cada día a pasos más agigantados las raíces que nos han formado para suplantarlas con modelos que nos quedan a veces cortos a veces grandes.
El rey dinero y su amigo poder se aliaron con posesión pararon de contar en plural para comenzar a hablar en primera persona del singular, vistiendo con trajes de cordero a los lobos. Cada persona ve el mundo desde su propia perspectiva resignificando la moral y la ética que ya no son más que instrumentos liricos de los que se versa en el discurso político eterno.

Pero el hombre de la modernidad también muestra su verdadera forma: corrompiéndose ante el poder de sentir de su propiedad a otro ser humano, hasta llegar a esclavizarle, denigrarle, abusar y atentar contra su integridad como persona, violentar cada uno de sus derechos, y jugar con su cuerpo y su mente sin permitirle siquiera defenderse, mientras se ostenta una falsa sonrisa justificando sus actos por más inverosímiles que estos sean, no siendo más que un ser humano hipócrita y violento que disfruta del dolor ajeno que se oculta detrás de un Dios de madera que solo le vale para convencernos de la honestidad de sus palabras.


Mientras por su parte quien se llama oprimido espera que aparezca esa persona que idealiza al mundo, el redentor que es siempre crucificado, y que aún así, está dispuesto a continuar su cruzada por salvar el mundo, confiando que aunque sea una sola persona, alguien comprenderá el significado de esa batalla sin cuartel, mientras espera deseoso, a su vez, ser salvado, ser rescatado, esperanzado en las promesas de un mejor mañana. Pero, ¿Quién podría salvarnos de un mundo tan corrupto donde coraje es sinónimo de guardar silencio y simplemente permitir que las atrocidades sigan sucediéndose día a día?


Y en ese vaivén de ideas la globalización se presenta como víctima y tirano. Es tirano cuando amenaza con cambiar lo que “ya está” y nos remite al estado de soledad en que naufragamos entre recuerdos y anhelos en nuestra sociedad, queriendo alcanzar sueños efímeros, mostrando una sonrisa cuando el corazón grita, desvalidos de razones y llenos de dudas, pero siempre temerosos de gritar pidiendo ayuda, cuando es el otro, el compararnos con él, lo que nos da distinción y nos posiciona, así que secretamente nos regocijamos en el dolor ajeno, mientras ostentamos ser altruistas; y por tanto se emprenden cruzadas por evitar que el malvado atente contra nuestras memorias en las que como una película rodamos lo mejor y editamos los males que todo el mundo finge callar.


Por otra parte, la luz cegadora de la globalización se revela como fuente de unidad, de paz, aceptación de las diferencias y progreso, todos somos iguales y la suma de nuestras culturas dará origen a híbridos que tal vez llamemos ilegítimos por perder su esencia pura, única, pero su riqueza nos invita a integrarnos en pos de una cultura mundo en la que todos y todas tengamos cabida.


Sin embargo, una vez más la esencia se pierde al amarrar los procesos a las finanzas y la política, y la premisa vuelve a ser “Solo de consumo se trata” y somos manipulados hasta que, finalmente, todas las sensaciones y sentimientos que son reprimidos solo nos llevan a desembocar en una implosión que posteriormente ha de exteriorizarse sin que pueda haber una forma de controlarle. Los abusos desembocan en la sed de venganza, de sentir que somos compensados, la ira vuelve a disfrazarse de justicia, de ser una tarea digna, un bien para la humanidad.


Entonces, parece que en este mundo en que una imagen dice más que mil palabras, y esa imagen es manipulada por un pequeño grupo que tiene el poder para hacerlo, estamos destinados a insensatamente enfrentarnos unos con otros en un caos anti ético, anti moral, anti todo, bajo la dirección de las grandes potencias acallando a cualquier costo nuestras propias voces; encadenados unos a otros en una realidad virtual llena de ilusiones vanas y sueños cada vez más etéreos, perdidos entre las sombras de ser quienes creemos que seremos.


Pero, ¿En dónde está la solución a esta crisis que aqueja la modernidad?, sería fantástico decir que basta con llamar a un par de superhéroes que con todo y capa sobrevuelen la ciudad acabando con los villanos, o mejor aún, esperar un milagro mientras repetimos mil ritos de esos que se encuentran el libros “prohibidos”. Pero lo cierto es que como cita Noam Chomsky “mientras se tenga el control absoluto de los medios de comunicación, y el sistema educativo y la intelectualidad sean conformistas, puede surtir efecto cualquier política”, lo que nos lleva a que solo habrá un cambio cuando estemos dispuestos a aceptar que desde el fondo de la sociedad hay que hacer un cambio, y que este solo se da empezando por el individuo pero no como un ente único, sino como una pieza que articula para que la gran maquinaria titulada sociedad funcione correctamente.


No es suficiente creernos buenos porque callamos ante todos y hablamos en secreto de los males que aquejan al mundo, o dar dinero a la caridad para que nos vea un amigo y luego correr a sacarnos de encima el olor de un mendigo, de entrada hay que aceptarnos y aceptar al otro, dejar atrás los temores y ante todo empezar por comunicarnos, no es suficiente hablar y oír, hay que dialogar y escuchar, dar y recibir, construir en todo momento desde todo lugar y dejar de esperar que alguien más de el paso que yo debo dar, porque tal vez una sola gota de agua no llene el vaso, pero en la medida en que cada gota sea depositada el vaso se irá llenando, y dejara de verse medio vacío para estar medio lleno, y ante todo no perdamos de vista que “se vale soñar”.


LYZ M. LASCKAR