El cómic nace casi al mismo tiempo que el cine; desarrollando su particular lenguaje icónico, su origen está vinculado a las características económicas, sociales y culturales de la sociedad que se originan.
Desde siempre el hombre ha utilizado imágenes con el fin de cumplir funciones comunicativas básicas de transmisión, información y entretener. Al hablar de los antecesores de la historieta o cómic, es inevitable nombrar los murales egipcios en forma de tira (que incluían imagen y texto), las cristaleras, el tapiz de Bayeux, las bandas que rodean las columnas romanas conmemorativas (como la Trajana o la de Marco Aurelio), los retablos medievales y los aleluya (con los que, mediante imágenes, se explicaban al pueblo historias, crímenes y sucesos en general), los dibujos de las civilizaciones precolombinas e incluso las primitivas pinturas rupestres. Sin embargo, su historia se relaciona más correctamente con la de la imprenta. Se considera uno de los primeros antecedentes del comic publicado en la prensa una litografía satírica de Napoleón Bonaparte, del caricaturista ingles James J. Gillray, hacia 1800. No obstante, se atribuye la creación de las historietas modernas al humorista ginebrino Rodolphe Topffer quien desarrollo una serie de obras dirigidas a un público adulto en el cual se mezclaban textos e ilustraciones que se sucedían unas a otras, en el año de 1829.
Sin embargo, es hacia finales del siglo XIX cuando aparece la primera pagina viñetada como tal en el periódico “New York World”, por el dibujante Richard F. Outcault. El personaje que crea es “The Yellow Kid” un chino vestido con un largo camisón amarillo de los barrios populares de Nueva York. Posteriormente, el boom de las historietas trae consigo la aparición de diferentes obras alrededor de todo el mundo. Ya en los años 30 comienzan a cimentarse las grandes casas comerciales de historietas estadounidenses que traen consigo la propuesta de una serie de personajes con superpoderes que vienen a salvar al mundo de la situación crítica en que este se encontraba sumergido.
Desde siempre el hombre ha utilizado imágenes con el fin de cumplir funciones comunicativas básicas de transmisión, información y entretener. Al hablar de los antecesores de la historieta o cómic, es inevitable nombrar los murales egipcios en forma de tira (que incluían imagen y texto), las cristaleras, el tapiz de Bayeux, las bandas que rodean las columnas romanas conmemorativas (como la Trajana o la de Marco Aurelio), los retablos medievales y los aleluya (con los que, mediante imágenes, se explicaban al pueblo historias, crímenes y sucesos en general), los dibujos de las civilizaciones precolombinas e incluso las primitivas pinturas rupestres. Sin embargo, su historia se relaciona más correctamente con la de la imprenta. Se considera uno de los primeros antecedentes del comic publicado en la prensa una litografía satírica de Napoleón Bonaparte, del caricaturista ingles James J. Gillray, hacia 1800. No obstante, se atribuye la creación de las historietas modernas al humorista ginebrino Rodolphe Topffer quien desarrollo una serie de obras dirigidas a un público adulto en el cual se mezclaban textos e ilustraciones que se sucedían unas a otras, en el año de 1829.
Sin embargo, es hacia finales del siglo XIX cuando aparece la primera pagina viñetada como tal en el periódico “New York World”, por el dibujante Richard F. Outcault. El personaje que crea es “The Yellow Kid” un chino vestido con un largo camisón amarillo de los barrios populares de Nueva York. Posteriormente, el boom de las historietas trae consigo la aparición de diferentes obras alrededor de todo el mundo. Ya en los años 30 comienzan a cimentarse las grandes casas comerciales de historietas estadounidenses que traen consigo la propuesta de una serie de personajes con superpoderes que vienen a salvar al mundo de la situación crítica en que este se encontraba sumergido.
Varias décadas después se relegan las historietas a un segundo plano en occidente hasta el punto de llegar a categorizarse como un género meramente para niños. Mientras tanto, alrededor del mundo, en países como Japón, maestros de la talla de Osamo Tzuka, emprenden empresas que llevan a potencializar y explorar los diversos beneficios de este medio comunicativo.Ya hacia los años 70 el mundo occidental empieza una nueva conciencia acerca de las virtudes de la historieta cuyo límite se confunde con el naciente género de la novela gráfica, creándose casas comerciales independientes que buscan consolidar una vez más la historieta como un claro ejemplo de la utilización del lenguaje verbo icónico.
Lyz M. Lasckar
Wow! Pues yo he estado pensando que el primer historietista peruano fue un nativo conocido como Guaman Poma. El escribió un libro donde denunciaba los abusos de la colonia, y acompañaba los textos con dibujos.
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