Transcurrieron un par de semanas y recibí la llamada de un amigo, invitándome a conocer a una persona que venía de Rionegro (Antioquia), y, que se había convertido casi que en su mejor amigo: Gustavo, una persona que encajaba perfectamente en el perfil de nuestro pequeño círculo, y que rapidamente se convirtió también en amigo mio.
Gus, mi mejor amigo y yo, pasamos los siguientes tres meses entre el trabajo y todas esas charlas con las que bien podríamos dar solución a las grandes crisis mundiales si de eso se tratara semejante gasto de energía y neuronas. Ese día, como de costumbre, Gus vino a mi apartamento, “En un par de semanas, me toca volver a mi casa” me dijo mientras empezamos a preparar el almuerzo; cambiamos el tema, me comentó sobre algunas fotografías que quería enviarle a su hermano, y posteriormente hizo referencia a una cascada cercana a su casa donde ellos solían acampar.
Vino a mi mente de improviso el sueño de aquella noche, y casi en contra de mi voluntad se articularon en mi garganta las palabras: ¿Gus, cerca de donde tu vives, hay unos árboles de hojas amarillas?... ¿las flores rojas?...¿los edificios blancos donde residen los militares de una de las brigadas del ejército?...¿El aeropuerto de Rionegro aledaño a su casa?... Y algunos detalles de su casa, los alrededores de esta, y aquel error de infraestructura que coloco la cocina detrás de la puerta principal. Mi amigo no tuvo ninguna duda acerca de lo que le decía, aunque yo misma no daba cabida a aquella revelación que erizó mi piel, y hasta me arranco un par de emotivas lagrimas.
De eso ya hace algún tiempo, y aunque quisiera acordar en que no se trata de mas que “una mera casualidad”, como anotan muchos de los grandes pensadores; yo he vivido no uno, si no tal vez, cien acontecimientos más, por llamarles de alguna forma, que me han comprobado que de casualidad no tienen nada, y que algo mas allá de la simplista y limitante racionalización, existen límites inalcanzables a los que aun permanecemos marginados, tal vez por temor, o quizá por ignorancia.
Yo por mi parte, pronto visitaré ese lugar al que mis sueños me remitieron, aun fuera de mi voluntad, e intentaré descifrar ese mensaje, que sé bien a diario se burla de mi ceguera mental, pensando con mi corazón, sintiendo con los rincones de mi mente, y aprendiendo de memoria las enseñanzas con cada sentido, para no perder en lo posible nada, de ese mundo al que muchos llaman “lo desconocido”. (Marzo/07)
LYZ M. LASCKAR
Increible! Serie muy bueno que postees como acabo ese viaje.
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